Hay un momento que todo solicitante peruano recuerda: la ventanilla, el oficial consular al otro lado del vidrio y una conversación de tres minutos que decide meses de preparación. Todo el trámite de la visa americana existe para llegar bien a ese momento.
Y llegar bien no depende de la suerte ni de tramitadores milagrosos, sino de entender qué evalúa la Embajada, cuánto cuesta realmente el proceso y en qué orden hacer cada cosa.
Esta guía está organizada como el trámite mismo: primero los números y los plazos, después lo que el cónsul realmente evalúa, y luego la línea de tiempo completa, desde el día en que decides postular hasta el courier que te entrega el pasaporte con la visa.
Nadie planifica bien sin saber cuánto dinero y cuánto tiempo necesita, así que vamos directo al grano.
Tramitar la visa de turismo y negocios B1/B2 desde el Perú cuesta en total alrededor de 435 dólares, unos S/ 1,500 según el tipo de cambio. La cifra reúne dos cobros: la tarifa de solicitud tradicional, conocida como MRV, de 185 dólares, y la tarifa de integridad de 250 dólares que el gobierno estadounidense incorporó a fines de 2025 como parte de su política de control migratorio.
Ninguno de estos pagos se devuelve si la visa es denegada, y las condiciones de aplicación pueden ajustarse, por lo que conviene confirmar el detalle en el sitio oficial de la Embajada antes de realizar algún pago.
Hay que sumar también los gastos satélite: fotografías, movilidad y, si vives fuera de Lima, pasajes y una noche de alojamiento para el día de la cita.
El cuello de botella no es el papeleo sino la cita. La demanda de entrevistas B1/B2 en Lima es altísima y la espera por una fecha se ha llegado a medir en más de un año en algunos períodos, con variaciones constantes.
La consecuencia práctica: el trámite se empieza cuando el viaje es todavía una idea, no cuando ya es una reserva.
Si el resultado es favorable, la visa B1/B2 suele emitirse con validez de 10 años y entradas múltiples. Visto así, el costo del trámite se diluye entre todos los viajes de una década.
Antes de repasar documentos, se debe entender la lógica del proceso, porque los papeles solo tienen sentido dentro de ella.
La ley estadounidense parte de una presunción: todo solicitante de visa de turista es un potencial inmigrante hasta que demuestre lo contrario.
Tu trabajo en la entrevista es desmontar esa presunción con evidencia de que tu vida está en el Perú y que volverás a ella.
A esa evidencia se le llama arraigo, y se construye con elementos verificables: un empleo estable o un negocio en marcha, ingresos consistentes con el viaje que propones, estudios en curso, familia que depende de ti, propiedades a tu nombre, entre otros.
El cónsul no espera que tengas todo; espera que el conjunto cuente una historia coherente de ida y vuelta. Con esa lógica clara, cada documento que prepares deja de ser un requisito burocrático y se convierte en una pieza fundamental de tu argumento.
Conviene distinguir entre lo que el sistema exige para tramitar y lo que tú llevas para probar tu caso.
El día de la entrevista es posible que el oficial no pida ninguno de estos respaldos. Pero si los pide y no los tienes, no existe una segunda oportunidad esa mañana.
Todo arranca en el portal oficial del Departamento de Estado, único lugar válido para completar el DS-160.
Complétalo con calma y con tu pasaporte a la mano: los datos deben coincidir letra por letra con el documento, y las respuestas deben ser rigurosamente honestas, ya que esa información será contrastada contigo el día de tu cita.
Al terminar, guarda la confirmación con el código de barras; ese número te acompañará durante todo el proceso.
Con el DS-160 enviado, realiza el pago de la tarifa MRV por los canales habilitados en el Perú y conserva el número de recibo.
Luego crea tu perfil en el sistema oficial de citas, registra tu número de confirmación y tu recibo, y toma la primera fecha disponible que te resulte razonable en la Embajada de Estados Unidos en Lima, ubicada en el distrito de Surco.
Según tu caso, el sistema te indicará si el proceso contempla una o dos visitas, entre la toma de datos biométricos y la entrevista.
La espera larga tiene un uso inteligente. Primero, monitorea el sistema de citas con regularidad: las cancelaciones de otros solicitantes liberan cupos y muchas personas logran adelantar su fecha varias semanas. Segundo, ordena tu carpeta de respaldos y mantenla actualizada.
Tercero, si surge una emergencia médica, humanitaria o de negocios debidamente documentada, el portal permite solicitar una cita expedita, cuya aprobación queda a criterio del consulado.
Llega temprano, con ropa cómoda y tu carpeta en orden: pasaporte, confirmación del DS-160, comprobante de cita y respaldos.
Tras los controles de seguridad y la toma de huellas, la conversación con el oficial dura pocos minutos. Responde con naturalidad, sin discursos memorizados, y en total coherencia con tu formulario. Las preguntas típicas giran en torno a tres ejes: a qué vas, a qué te dedicas y qué te trae de vuelta al Perú.
Si la respuesta es favorable, el pasaporte se devuelve mediante courier en un plazo que va desde algunos días a un par de semanas. Revisa que tus datos estén correctos apenas lo recibas.
Si la respuesta es negativa, el oficial te lo comunicará en el momento; podrás volver a postular cuando tus circunstancias cambien de manera sustancial, pagando nuevamente las tarifas.
Quienes renuevan tienen, en ciertos casos, un camino más corto: la Embajada mantiene supuestos de exoneración de entrevista para determinados perfiles y rangos de edad, sujetos a condiciones como que la visa anterior haya vencido hace poco, que la solicitud se presente desde el Perú, que no existan negativas recientes sin resolver y que el pasaporte tenga vigencia suficiente.
Estos criterios se modifican sin previo aviso, así que la única fuente confiable es el propio sistema de citas, el cual evalúa tu elegibilidad al iniciar el trámite. Si no calificas, el proceso es idéntico al de una primera solicitud, incluidas las tarifas.
Hay una ironía en este trámite: inviertes meses y cientos de dólares en poder entrar a Estados Unidos, el país donde enfermarse sin cobertura es el más caro del mundo. Una atención de emergencia allá puede facturar miles de dólares, y ningún sello en el pasaporte pude protegerte de eso.
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Alrededor de 435 dólares para la visa B1/B2, resultado de sumar la tarifa de solicitud de 185 dólares y la tarifa de integridad de 250 dólares vigente desde fines de 2025. Los pagos no son reembolsables y las condiciones pueden ajustarse, así que confirma los montos en el sitio oficial de la Embajada.
La mayor posible. Entre la espera por la cita en Lima, que ha llegado a superar el año en algunos períodos, y el procesamiento posterior, lo sensato es iniciar apenas el viaje aparezca en tus planes, incluso sin fechas definidas.
En la Embajada de Estados Unidos en Lima, en el distrito de Surco. Es la única sede consular del país para este trámite, por lo que los solicitantes de provincias deben considerar el traslado dentro de su presupuesto.
La negativa se comunica en la misma entrevista y las tarifas no se devuelven. Puedes volver a postular en cualquier momento, aunque lo recomendable es esperar a que tu arraigo cambie de manera sustancial, porque repetir la solicitud con el mismo perfil suele producir el mismo resultado.
Cada solicitante necesita su propio DS-160 y el pago de sus tarifas, incluidos los niños. La Embajada contempla facilidades de entrevista para ciertos rangos de edad, que el sistema de citas indica automáticamente al registrar a cada viajero.
No lo exige, y justamente por eso muchos viajeros descubren tarde lo que cuesta una emergencia allá. La recomendación es contratar la máxima cobertura disponible para ese destino; en Chubb, esa respuesta tiene nombre: Plan Infinity.
La visa americana premia a quien entiende el juego: números claros desde el inicio, un expediente que demuestra arraigo, un DS-160 impecable y una entrevista donde cada respuesta coincide con lo declarado. Empieza temprano, desconfía de los atajos y deja que tu historia real hable por ti.
Y cuando la visa llegue, dale a tu viaje el mismo estándar de planificación con el que la conseguiste: protección a la altura del destino, contratada antes de salir del país.
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