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Pensionado, mas no jubilado. Así se define este agente totalmente enamorado de los seguros. “Es un negocio de personas, no financiero, aunque pertenezca a ese sector”, asegura, convencido de que el sello personal de cada agente es cada vez más importante.
En sus inicios como agente de seguros, a Rolando Rudd le tocó acompañar a un amigo a hacer una venta. El agente en cuestión había sido diplomático y tenía el don de relacionarse muy bien con las personas, pero el cliente no estaba muy dispuesto a invertir en un seguro de vida. Para qué, preguntaba, “si yo tengo dinero, tengo empresas”.
La manera en la que respondió ese agente le confirmó a Rudd la importancia de contar con un sello propio, un estilo único, que te diferencie del resto. “El agente le contestó: tal vez usted no necesita un seguro, pero su señora sí. Lo necesita para que, cuando usted muera, ella pueda darse el lujo de escoger con quien acostarse. ¡Y le vendió el seguro!”, recuerda hoy riéndose.
Rudd estudió Ingeniería Civil Industrial, pero no llegó a titularse. Cuando se casó, su suegro —quien estaba vinculado a una gran compañía de seguros en Colombia— le sugirió que entrara en este mercado y lo contactó con un amigo suyo, en otra firma, que le abrió las puertas. No ha parado desde entonces. “Mi suegro me dijo: tú eres una persona ideal para trabajar en esto. Eres inteligente, siempre preocupado de los demás. A mí, por otro lado, siempre me interesó lo que él hacía, así es que acepté”.
Comenzó vendiendo seguros de vida, luego se capacitó en Nueva Orleans y más tarde en el Instituto Nacional de Seguros y en la Universidad de Los Andes. Llegó a ser gerente en una firma y después se independizó junto a su hermana, a quien describe como “una relacionadora pública gigante”. Fue un tiempo de intensa vida social que le ayudó mucho a hacer contactos. Luego, su hermana dejó la empresa y Rudd se asoció con su esposa, con quien trabaja hasta el día de hoy.
Actualmente tiene 19 personas trabajando en su oficina en Bogotá, que se especializa en el área de la construcción, la infraestructura y las concesiones viales. Incluso en pandemia, contrató personal. Trabaja con 18 compañías de seguros, pero, reconoce, hoy los grandes contratos los tiene con Chubb, debido a la confianza que la compañía le genera.
“A mí me ha pasado de todo. Me he enriquecido, pero también he quebrado. Me fue mal cuando me puse a hacer otras empresas en forma paralela: pastelero a tus pasteles. En cambio, con los seguros, siempre hay para el sustento. Es una profesión muy bella”, dice este agente que se define como “pensionado, mas no jubilado”.
¿Qué le gusta de su labor? La adrenalina. El saborcillo de tener que resolver un incidente en 24 horas o dar con la mejor póliza para negocios de millones de dólares en una semana.
A partir de su experiencia de más de 40 años en el mercado de los seguros, a Rudd le parece importante: